El linaje del SARS-CoV-2 circula entre los murciélagos desde hace unos 70 años. Un nuevo estudio señala que el responsable de la Covid-19 forma parte de una familia de virus presente en murciélagos desde hace unos 70 años.

07/30/2020

 

Por AMADO HERRERO

Un nuevo estudio señala que el responsable de la Covid-19 forma parte de una familia de virus presente en murciélagos desde hace unos 70 años.

Los murciélagos contienen en su interior diferentes tipos de virus.
Los murciélagos contienen en su interior diferentes tipos de virus. SHUTTERSTOCK

La manera en la que un virus se propaga deja huellas en su genoma. Pistas que pueden después ser rastreadas gracias a la filodinámica, una línea de investigación que permite elaborar árboles genealógicos de los microorganismos a partir de estas huellas, y con la ayuda de algoritmos. Esta joven disciplina -apenas dos décadas de recorrido- comienza a demostrar todo su potencial en la pandemia actual. Gracias a ella, un equipo internacional de investigadores ha podido reconstruir un modelo de la historia evolutiva del SARS-CoV-2 y ha descubierto que el linaje al que pertenece lleva décadas circulando en murciélagos. Sus hallazgos aparecen en el último número de la revista Nature Microbiology.Los autores han rastreado la historia del virus responsable de la Covid-19 a partir de datos genómicos de varios sarbecovirus (subgénero al que pertenece el SARS-CoV-2 ). Se han basado en tres enfoques bioinformáticos diferentes para así aislar las regiones recombinantes dentro del genoma de esta familia, identificar cuáles son los elementos comunes y establecer cuándo y dónde aparecen las mutaciones propias a cada miembro.”Los coronavirus tienen un material genético altamente recombinante, lo que significa que las diferentes regiones del genoma del virus pueden derivarse de múltiples fuentes”, explica Maciej Boni, profesor asociado de Biología en la Universidad de Penn State (EEUU) y uno de los autores principales de la investigación. “Eso dificulta la reconstrucción de sus orígenes; hay que identificar todas las regiones que se han recombinado y rastrear sus historias”.

Por eso el equipo reunió científicos con experiencia en diferentes campos, incluyendo la recombinación genética, la datación, el muestreo de virus y la evolución molecular. Así pudieron trazar las relaciones evolutivas del SARS-CoV-2 con otros virus similares detectados en murciélagos y pangolines y hallar las cinco regiones principales no recombinantes. “Estas regiones (el equivalente de cromosomas individuales) cuentan historias similares; cada región tiene ancestros en el depósito de virus en murciélagos hace unos 40-70 años“, afirma Boni. Los expertos estiman que el actual coronavirus divergió genéticamente de los sarbecovirus de murciélagos en tres puntos: 1948, 1969 y 1982. Se separó de un virus genéticamente muy similar, el RaTG13 (descubierto en un murciélago de herradura en 2013 en la provincia china de Yunnan), hace ya medio siglo, en 1969.

Prevenir futuras pandemias

El equipo descubrió además que uno de los rasgos más antiguos del SARS-CoV-2, que comparte con sus parientes y le hace especialmente peligroso para el ser humano, es el dominio de unión al receptor (RBD, por sus siglas en inglés). Este elemento se sitúa en la proteína pico del coronavirus y le permite reconocer y unirse a receptores en superficies de las células humanas. Eso significa que otros virus capaces de infectar a humanos podrían circular en murciélagos de herradura (Rhinolophus ferrumequinum) en China. “La capacidad de estimar los tiempos de divergencia puede llevar a comprender los orígenes de muchos patógenos virales diferentes”, asegura otro de los autores, Philippe Lemey, investigador del Departamento de Virología Evolutiva y Computacional de la Universidad KU Leuven de Bélgica.

En las investigaciones también se han identificado coronavirus similares en pangolines (en particular, en un ejemplar analizado en Guangdong en 2019). Pero, según los autores, estos animales no han acogido ninguna mutación clave. “Aunque es posible que los pangolines hayan actuado como huéspedes intermedios, facilitando la transmisión del SARS-CoV-2 a los seres humanos, no existen pruebas que indiquen que la infección en pangolines sea un requisito para que el virus se transmita desde los murciélagos a los seres humanos”, desmiente Lemey. “Nuestra investigación sugiere que el SARS-CoV-2 ha evolucionado en murciélagos y probablemente desarrolló la capacidad de replicarse en el tracto respiratorio superior tanto de humanos como de pangolines”.

De acuerdo con los autores, las conclusiones de este tipo de trabajos son claves para prevenir futuras pandemias causadas por este linaje. Para ello es necesario un mayor esfuerzo en la monitorización de murciélagos salvajes y la aplicación de sistemas de vigilancia de enfermedades humanas capaces de identificar nuevos patógenos y responder en tiempo real. “Llegamos demasiado tarde al brote inicial de SARS-CoV-2, pero ésta no será nuestra última pandemia de coronavirus”, pronostica Boni. “Es necesario poner en marcha un sistema de vigilancia mucho más completo y en tiempo real para cazar virus como éste cuando el números de casos todavía esté en los dos dígitos”.

 

 

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