Por DARIEL PRADAS

Acueducto

Foto cortesía OSDE Agua y Saneamiento

Ni dos ni tres: sube como siete veces el precio del agua.

En medio de una marejada de incrementos tarifarios en Cuba, la Organización Superior de Dirección Empresarial (OSDE) de Agua y Saneamiento anuncia nuevas tarifas de los servicios hidráulicos y de alcantarillados.

A pesar de que supera la tabla de multiplicación empleada para otros productos, un incremento de 700 por ciento para el líquido potable, históricamente casi regalado el servicio, continúa siendo irrisorio: las facturas llegarán entre apenas 1.75 y 21 pesos mensuales por habitante, no más.

Esto solo se aplica a viviendas conectadas con acueductos, pero el resto de los precios residenciales oscilan también por esas cifras, mientras que el importe por el tratamiento de aguas residuales es, como de costumbre, menor (precisamente, 30 por ciento de la cuantía por el consumo de agua). Comparado con el tarifazo de la Unión Nacional Eléctrica, o con el nuevo precio de una pizza cualquiera de La Habana Vieja, esta subida respeta la filosofía preescolar de que el agua no se le niega a nadie.

De cualquier manera, dichos precios no son aún definitivos –pone el parche Yunior González, vicepresidente de la OSDE–; habrá un período de hasta un año para estudiar y decidir a cuánto ascenderán finalmente.

Ahora… ¿Este incremento de los precios garantizará una mejor calidad de los servicios?

“Desde un análisis puramente económico, nuestras empresas continuarán en similar situación”, confiesa González, ingeniero hidráulico de formación. “Se incrementaron las tarifas, pero también los gastos; entonces seguiremos igual. No obstante, nuestros trabajadores, quienes antes cobraban 300 pesos como promedio (de los salarios más bajos del país), hoy reciben un monto superior y eso, inevitablemente, repercutirá en un mejor servicio”.

Según cálculos de la OSDE, producir un metro cúbico de agua, desde el embalse hasta el grifo, cuesta 1.48 pesos. De ahí se deducen gastos como la energía eléctrica, productos químicos, salarios y mantenimiento de la infraestructura.

Sin embargo, por ese mismo volumen líquido apenas se recuperan 99 centavos. Esto ocurre, en gran medida, por “las pérdidas a causa de los salideros, un grupo de personas que no paga el servicio o las ineficiencias de la empresa en la gestión del cobro”.

Cerrar la llave del derroche

Para mejorar el proceso de tributación, la OSDE se ha planteado resolver el último de tales problemas mediante la instalación de nuevos metros contadores en los núcleos familiares y laborales.

La meta de 2021 consiste en fabricar 120 000 metros contadores. Primeramente, se sustituirán los ya existentes y obsoletos que se encuentran al borde de su vida útil, también los que sufren algún tipo de rotura. En esa faena se tendrá que utilizar cerca de 62 000 equipos. El resto se empleará en cubrir la demanda de los centros estatales, los del sector cuentapropista vinculado a la producción y los del área residencial, en este orden de prioridad.

Tarifas agua potable

Foto: Cortesía OSDE Agua y Saneamiento

Todo será con la política de que se ‘metre’ donde haya un flujo estable de agua, con un buen servicio en cuestiones de tiempo, volumen y calidad; y que luego se avance hacia otros sitios menos aventajados, como los que tienen, digamos, agua cada tres días”, explica González, y aclara que solo 47 por ciento de la población recibe este líquido diariamente o en jornadas alternas.

El vicepresidente de la OSDE asegura que instalar más metros contadores no solo ayuda a obtener más ingresos, sino que además propicia el ahorro, pues está probado que en las localidades donde se empieza a “metrar”, disminuye en una cuarta parte el consumo de agua.

El proyecto puede lograr que sean más de 99 centavos los que se ingresen por metro cúbico. Sin embargo, no cambiará mucho el panorama de la empresa, pues 1.48 pesos tampoco es el costo “real” de producción. El verdadero, el neto según los precios internacionales del petróleo que alimenta un kilowatt en termoeléctricas cubanas, o de productos químicos y equipos de repuestos importados, es muchísimo más elevado.

“Tengo muchos subsidios por detrás de mí que todavía no soy capaz de contabilizar en mis gastos. La suma de 1.48 pesos es el gasto de la OSDE, pero cuando yo extrapolo eso a la máxima dirección del Estado, los gastos son superiores, porque estoy contabilizando la electricidad con el valor que a mí me la cobran, por ejemplo. Ahí, de por sí, ya hay un subsidio que no visualizo”, arguye González. “Lo cierto es que el servicio de aprovisionamiento de agua es, en el mundo entero, uno de los más caros que existen”.

La OSDE de Agua y Saneamiento y el sistema empresarial cubano de acueductos y desagües no deberán –y por ahora no pueden– elevar desmedidamente sus tarifas mientras “el agua no se niegue” y permanezcan siendo empresas estatales socialistas que brindan un servicio vital a la población. Son entidades que, llanamente, no fueron concebidas para lucrar, lo cual no significa que venga una noche de derroche a la que se le vaya la mano, como cantó Ana Belén.

Bajo esta lógica, se gana más propiciando el ahorro, modernizando la infraestructura hidráulica para que mejore en eficiencia, o simplemente atenuando las pérdidas de agua. Cualquiera de estas tres vías es más factible para la rentabilidad de la empresa, que la trillada –y al parecer, en peligro de convertirse en moda– solución de elevar precios.

De hecho, reconoce González, en las pérdidas de agua yace el meollo del asunto; lo mismo ocurren en las conductoras de los pozos, que en la distribución de las redes urbanas o, incluso, en los espacios intradomiciliarios a partir de salideros comunes.

Salidero de una tubería de agua en la calle

La rentabilidad del servicio seguirá dependiendo de la capacidad de ahorro y la reducción de las pérdidas de agua que logre el país. (Foto: Radio Rebelde)

“Todo metro cúbico que se ahorre o no se pierda, llegará a un usuario al que podrás cobrárselo. Además, mejorará el servicio y nuestro esfuerzo será reconocido socialmente por la población. O, sencillamente, no tendremos que bombear ese metro cúbico, lo que representa menos gasto de agua y electricidad”, comenta González.

Entusiasmado, el ingeniero pondera los acueductos de Japón y Alemania –los mejores del mundo, sostiene-, los cuales, tras inversiones millonarias y tecnología de avanzada, han conseguido que solo se desaproveche alrededor de cinco por ciento de agua.

La realidad de Cuba es muy diferente. En 2020 se perdió casi la mitad de cada metro cúbico de agua bombeada. En cifras más exactas, cerca de 43 por ciento. Sin embargo, la tendencia ha sido disminuir ese derroche poco a poco, año tras año, pues 2019 cerró con 47 puntos porcentuales y para 2021 se planifica bajar a 39.

Durante años, el gobierno ha invertido millones en la búsqueda de una eficiencia óptima a través del Programa de rehabilitación hidráulica de Cuba. Pero este se ha visto retrasado por los vaivenes de las apuestas presupuestarias: Todavía falta demasiado, y en tanto siguen malgastándose los escasos e intermitentes recursos hídricos de una isla salinizada.

El tema acuífero es tan complejo que se requiere trascender de la billetera para percibir que esta subida de las tarifas resulta ahora mismo un tópico secundario. Después de todo, el nuevo precio por habitante al mes, como sentencia el vicepresidente de la OSDE, “es casi simbólico”.

Fuente: BOHEMIA