Los libros, ¿un bien esencial? Italia permite este martes reabrir a las librerías, pero las empresas pequeñas y algunas regiones se oponen a la decisión

VENICE, ITALY – MARCH 20: Giovanni pelizzato, owner of the Toletta Bookstore, for the coronavirus, delivers books to customers’ home on March 20, 2020 in Venice, Italy. The Italian government continues to enforce the nationwide lockdown measures to control the spread of COVID-19. (Photo by Stefano Mazzola/Awakening/Getty Images)

El eslogan político funcionaba. Los libros son también un bien esencial y la población debe tener acceso a ellos, se subrayó. El problema es que su venta en comercios no justifica el riesgo que supone en estos momentos, opinan en regiones como Lombardía o Piamonte, donde este martes no se permitirá la reapertura. Algo que desconcierta al presidente de la Asociación de Libreros Italianos, Paolo Ambrosini, que defiende la decisión del Ejecutivo. “Nosotros recibimos bien la medida porque reconoce el libro como bien esencial. No es una obligación, es solo una facultad. Pero aquí cada región puede hacerlo como quiera. La industria del libro es más importante que las de la música o el cine en Italia, pero este país es un poco arlequín”, lamenta recordando la caída de facturación de unos 25 millones de euros que ha sufrido el sector.

En el Gobierno insisten en que simplemente han dado la facultad de poder abrir y no se obliga a nadie. Extraña tanto revuelo. La secretaria de Estado de Cultura y Turismo, Lorenza Buonaccorsi, explica a EL PAÍS la decisión del Ejecutivo. “La cultura es un pilar fundamental de nuestro país y en un momento complicado era también una señal. Especialmente cuando tenemos salas de conciertos, museos o cines que seguirán cerrados. Algunas regiones, luego, toman sus decisiones propias en base a la gestión de la emergencia sanitaria. Pero se han dado toda una serie de indicaciones sobre cómo hacerlo. Está claro que no se podrá dar vueltas durante horas por los estantes de las librerías”, apunta.

Los pequeños libreros, sin embargo, se quejan de que no están preparados para abrir al público y mantener las medidas de seguridad sanitarias oportunas. Muchos ya se habían organizado, además, para enviar títulos de pequeñas editoriales con menos recursos para la distribución a través de mensajería. Se creó un fondo común y se utilizó para llegar a los hogares. Ahora creen que volverán a pagar la reapertura.

Nicola Roggero, propietario de Angolo Manzoni en Turín, que estos días ha repartido personalmente libros a domicilio, firmó un manifiesto oponiéndose a la medida. Días después, su región lo secundó y prohibió la reapertura. “La gran distribución tiene otras necesidades. La cadena del libro está en Italia en manos de dos grandes empresas que no pueden tener cerrados sus puntos de venta. Ahora abrirán y podrán volver a facturar centenares de miles de euros. Pero esa no es nuestra situación. Nos han invitado a abrir por simbolismo romántico, populismo. Basta ya con la figura retórica del librero como un romántico salvador de almas. Somos trabajadores como otros y nuestra seguridad y la de nuestros clientes debe ser respetada”.

La discordia en el sector preocupa a observadores imparciales como Nicola Lagioia, director del Salón del Libro de Turín, que debía celebrarse en mayo. “Abrir algunas librerías moverá algo, pero la situación de los italianos ahora no permite desplazarse demasiado para ir a las que querrían. El problema es mucho mayor y toda la cadena del libro se encuentra en riesgo de colapso. Debería abrirse una mesa de negociación entre el Gobierno y la industria del libro, que convendría que se pusiese de acuerdo”, apunta. Este martes esa discordia se verá en la puerta de las librerías de toda Italia.

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