“por un medio ambiente en equilibrio…”

Los malos, malísimos pangolines y el COVID-19

03/12/2021

  • Ha pasado un año y seguimos luchando por salvar vidas en medio de una pandemia planetaria, pero aún seguimos sin saber con exactitud cómo empezó todo.

¿Murciélagos, pangolines, otros? Quizá nunca lo sepamos con precisión, pero sí sabemos que existe una fuerte relación entre este tipo de pandemias y la destrucción de biodiversidad causada por las personas: actividades como la deforestación o el tráfico ilegal de especies nos exponen a patógenos que antes no conocíamos y con los apenas teníamos contacto. Parafraseando a Fernando Valladares, una vacuna natural de espacios y especies nos protegía, y sin embargo la estamos destruyendo.

En todo el planeta, un millón de especies se encuentran cerca de la extinción, una cifra sin precedentes que nos coloca ante lo que conocemos como “la sexta extinción masiva”. Este ritmo de destrucción es mil veces más rápido que el de las extinciones que pueden ocurrir naturalmente. Estamos ante una crisis de biodiversidad.

Según Naciones Unidas, la principal causa de pérdida de biodiversidad en el mundo son los cambios en el uso del suelo, desde el urbanismo descontrolado a la deforestación de bosques fundamentales para la vida, que son arrasados para producir soja, aceite de palma, etc. Si a esto añadimos la explotación de especies -furtivismo, comercio ilegal, sobrepesca…-, la contaminación y la propagación de especies invasoras y el cambio climático (que podría facilitar la expansión de vectores de enfermedades, como ciertas especies de mosquitos), tenemos un cóctel explosivo en nuestras manos.

Biodiversidad en nuestros entornos rurales

Esto no es algo que ocurra solo lejos de nuestro país. La sociedad ha cambiado mucho y con ello la vida silvestre: formamos parte del ecosistema de manera que los cambios en nuestros modos de vida generan cambios en nuestro entorno. El éxodo rural de los años 50  hacia las urbes ha tenido efectos en el paisaje, en los ecosistemas y en las especies de plantas y animales.

La pérdida de población en los ámbitos rurales ha supuesto y supone una pérdida de la biodiversidad asociada a las prácticas agrarias sostenibles. Existe una tremenda biodiversidad (razas autóctonas, semillas, especies silvestres que cohabitan estos sistemas agrarios, etc) asociada a las prácticas agrícolas y ganaderas tradicionales, que hoy están en peligro de extinción por la desaparición de esos usos agrarios sostenibles.

El abandono de cultivos o de las labores de pastoreo también ha tenido un impacto claro en determinadas especies y por otro lado un aumento de masas forestales muy vulnerables y con necesidades de gestión, que suponen un aumento del riesgo de propagación de grandes incendios forestales y por tanto una amenaza a la fauna y flora silvestre. En sentido opuesto, el abandono de aquellas prácticas agrarias que eran más intensivas ha tenido un efecto positivo en determinadas zonas en la recuperación de la vida silvestre.

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Por otro lado, el éxodo a las ciudades ha promovido modos de vida más consumistas, de mayor huella ecológica, más residuos y contaminación, lo que tiene impactos claros en las poblaciones de fauna urbana, como es el caso del gorrión. Nuestra propia supervivencia depende de la naturaleza: la pérdida de biodiversidad representa un peligro para nuestra propia especie, y la actual pandemia es un ejemplo de las zoonosis (enfermedades transmitidas de animales a humanoid) que nos puede deparar la pérdida de biodiversidad si no detenemos aberraciones como la deforestación de grandes bosques.

¿Hay solución?

Existen respuestas que debemos adoptar con la máxima urgencia.

  • Tratados internacionales que protejan la biodiversidad. Implementar medidas con la participación y consentimiento de los pueblos indígenas y las comunidades locales.
  • Reducción del consumo de carne y lácteos. El freno a la deforestación y la reducción del consumo de carne son medidas imprescindibles contra la crisis climática y de biodiversidad.
  • Fomento de programas de recuperación de especies que tienen un efecto positivo concreto sobre las poblaciones amenazadas, pero hemos de ir a las causas del problema y atajar aquellas actividades que impactan la biodiversidad.
  • Freno a la especulación urbanística. Repensar el urbanismo teniendo en cuenta especies emblemáticas, las zonas de alto riesgo, etc.
  • Cambio en los sistemas de producción: abandono de la agricultura y ganadería intensiva en pro de sistemas de producción ecológicos y sostenibles, que no comprometan el funcionamiento de los ecosistemas y su biodiversidad.
  • Abordar urgentemente la crisis del territorio (España vaciada) fortaleciendo a la población rural como agente clave para la emergencia ambiental (climática y de biodiversidad).

Si no hacemos nada para prevenir la próxima pandemia, es probable que tarde o temprano nos encontremos con un nuevo brote . ¿Culparemos a los murciélagos?

 

Fuente: Greenpeace

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